
Dicen que los habitantes de la selva peruana se caracterizan por ser de sangre "caliente", algunos creen que esta cualidad se debe a los alimentos que acostumbran consumir, otros lo atribuyen al mismo clima de la selva, y otros tantos simplemente a un tema de costumbres.
Hace poco empecé a leer un libro titulado "El Universo Sagrado", en el que el autor Luis Urteaga Cabrera ha recopilado algunas historias, mitos y leyendas de la selva peruana específicamente de los Shipibo-Coniba. El libro viene dividido en partes, con las cuales separa la esencia de una y otra historia de acuerdo a su contenido. Una de estas historias hace referencia a los orígenes de las víboras de la selva y a continuación paso a contarla:
Hace muchos años uno de los habitantes de una tribu había sufrido ciertas heridas producto de una excursión de caza, por lo que se encontraba convaleciente. En su cabaña vivía junto a su madre, su mujer y su hermano menor. Los días pasaban y al no poder incorporarse para salir en busca del alimento ni tampoco atender los sembríos de yuca y platano las reservas de alimentos empezaron a escasear. El hermano menor sale todos los días de caza, sin embargo, debido a su poca experiencia el alimento que consigue no es suficiente. Pasan los días y el herido no mejora, con lo que la mujer cansada de cuidarlo y de no contar con los alimentos que solía suministrar el marido a la familia, coge un cesto y le dice a su suegra que saldrá en busca de alimentos.
El día transcurre y la mujer no regresa, recien al promediar la tarde se le ve llegar radiante de felicidad y cargando a duras penas el cesto. Llega al frente de la cabaña, deposita el cesto en el suelo y vuelca su contenido en la hierba. Para sorpresa de todos este esta lleno de peces, pero no de cualquier tipo, sino d elos más apreciados por su carne. La suegra sorprendida le pregunta cómo es que ha logrado coger tantos peces si las mujeres no saben cómo pescar. La nuera le explica que encontró una pequeña laguna que se está secando.
Luego de quitarle las vísceras y escamas y limpiar el pescado, los cocina en diferentes formas entre canciones y suspiros. A partir de entonces nunca más escasea el pescado en la cabaña ya que la escena se repite día tras día. El cesto parte vacío y vuelve repleto de peces, ni su marido ni la madre de este notaban nada raro en la infinita suerte de la mujer, en cambio el hermano veía con malos ojos a la mujer, la observaba y notaba como su vientre se iba abultando. Varias veces se había ofrecido a acompañar a la mujer para ayudarla y se había sorprendido con la negativa de esta.
Fue entonces que le hermano decidió vigilarla. La mujer tomó su cesto como todos los días y se interna en el bosque, el hermano espera un poco y luego sale en su busqueda. Siguiendo las huellas de la mujer por un pequeño camino llega a una laguna y ve que la mujer se detiene en la orilla, deja el cesto en el suelo y empieza a gritar: ¡Sencainá! ¡Sencaináááá!.
Del agua le reponde un grito aterrador, la superficie tranquila d la laguna comienza a agitarse cuando de pronto, emerge de sus aguas la cabeza y parte del torso de una boa enorme. Empieza a desplazarce por la laguna detrás de los peces que tratan de escapar de la cacería. Luego de un rato se dirige hacia la orilla de la laguna y sacando la cabeza del agua, vomita los peces atrapados a los pies de la mujer.
La mujer presurosa empieza a coger los peces ante la mirada atenta de la boa, que al desaparecer el ultimo de los peces en la cesta, empieza a sacar su voluminoso cuerpo de la laguna, se desplaza en la hierba con movimientos elegantes y se acerca a la mujer con la cabeza erguida. La mujer se aparta del cesto, se despoja de sus ropas y abre los brazos a la boa que se va enroscando en el cuerpo desnudo, mientras acaricia la piel de la mujer con su lengua. Durante un buen rato intercambian caricias y ternuras hasta que finalmente , luego de poseer a la mujer, la boa empieza a desenroscarse de la mujer y retorna a la laguna.
La mujer toma sus ropas y cubre su desnudez, acomoda el cesto sobre su cabeza y emprende el camino de regreso a la cabaña. El joven cuñado ha tenido tiempo suficiente para urdir su venganza mientras experimenta una mezcla de horror y asco. Espera que la mujer se haya marchado y sale de su escondite. Se acerca a la orilla de la laguna en donde crecía un poco de maleza y desde este nuevo escondite, imita el llamado y la voz de la mujer: ¡Sencainá! ¡Sencaináááá!. La respuesta de la boa no se hace esperar y repite nuevamente el ritual de hace unos momentos. Cuando esta sale a la orilla para vomitar los peces el joven cuñado utiliza su arco y flechas y le aplica varios tiros certeros. Cuando las convulsiones de agonía de la boa cesan, sale de su escondite y con su cuchillo de caza empieza a seccionarla en varios pedazos que va arrojando en diferentes direcciones.
Una vez terminada su tarea, regresa a la cabaña en donde rechaza los peces ahumados que la cuñada le ofrece e impide que su madre y su hermano los coman. Ante el asombro de ambos les cuenta todo lo que vió y lo que hizo. Al verse descubierta y conocer la suerte de su amante, la mujer sufre una crisis, abandona la cabaña corriendo y se dirige hacia la pequeña laguna. El joven parte detrás de ella y la cuando está acercandose la ve caerse entre la hierba del bosque retorciendoce con los dolores del parto. No se acerca al ver con horror que en medio de las contorciones del cuerpo de la mujer esta va pariendo las diferentes víboras que poblarían luego la región. Escurriendose entre las piernas de su madre muerta, las pequeñas víboras se pierden entre la maleza, trepan en los árboles y otras se hunden en el agua.
De pronto de la laguna llega un ruido que atrae la curiosidad del joven. Se acerca con cuidado agazapado en la maleza y ve con asombro que otra boa más grande que la anterior se agita en el agua dando gritos. Cuando se acerca a la orilla se transforma en una mujer y sale de la laguna, comienza a buscar entre la maleza y va recogiendo uno a uno los pedazos ensangrentados de la primera mientras les va diciendo: Si hubieras obedecido a tu madre, esto te ha sucedido por meterte con mujer ajena. Reúne los pedazos de la boa y comienza a ordenarlos como si estuviera armando un rompecabezas; coloca primero una parte adelante y luego la cambia hacia atras, pacientemente termina de armar el cuerpo de la boa, mientras el joven observa atónito, oculto entre la maleza.
La ve dirigirse hacia un recodo pantanoso de la laguna y arrancar un pedazo nudoso de liana, regresa hacia el cuerpo despedazado de la boa y hace gotear la resina que brota de la liana encima de los tajos. El joven observa sorprendido como las heridas empiezan a cerrarse y los pedazos se van soldando unos a otros. De repente ve como el cuerpo que hasta hace unos momentos estaba destrozado, empieza a moverse como si nunca hubiera sido dañado. La mujer comienza a regañar al hijo airadamente y lo obliga a regresar al agua, esta va detrás de él y mientras se va introduciendo al agua va recuperando su aspecto de boa.
El joven sale de su escondite y recoge el pedazo de liana con el que la boa curó a su hijo y parte de regreso a la cabaña. En ella vierte la resina en las heridas del hermano y ve como se recupera al momento.
Esta es la leyenda que explica como se originaron las víboras y cómo los antepasados de la selva conocieron las propiedades curativas de esa liana que hoy llaman boa-huasca.





