lunes, 26 de noviembre de 2007

Historias orientales


Alrededor del mundo existen una cantidad enorme de leyendas, mitos e historias. A mis 31 años he tenido la suerte de pasar algunos años viviendo y trabajando en Japón, y, digo suerte porque es un mundo diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Sin embargo esas diferencias son lo que lo hacen, a mi entender, un país sumamente interesante para visitar y conocer. Sin embargo no escapan a las costumbres y creencias populares.


Peliculas de terror como El Aro o La Maldición, dejan entrever una cultura singular, tal vez otro punto de vista arraigado en lo cultural y por qué no, en lo religioso. Siendo un país que ha pasado por muchas guerras, la mayoría internas por la época del feudalismo y hoy por hoy con una de las más altas tasas de suicidios en el mundo, no debería sorprendernos la cantidad de historias de fantasmas que existen y menos aún si es que ponemos atención a que es un pueblo en el que la religión es casi casi parte de su cultura.


Historias de almas en pena en no pocos colegios y hospitales, zonas en las que ocurren extrañas apariciones, cementerios por diferentes lugares y en calles oscuras. Parece mentira en uno de los países más tranquilos y seguros del mundo.


La historia que les voy a contar se la escuche a un amigo en el trabajo y hacía referencia a algo que le pasó a otro peruano mientras vivía en Okinawa. Este peruano, una de las personas más caballerosas que he conocido, llevaba viviendo en la pequeña isla de Okinawa por unos 5 años, hasta ahí llegó a visitarlo su hermano menor así que en la noche, salieron a recorrer la ciudad de en la que vivían, para hacerlo más interesante salieron a pie. Visitaron un par de bares en donde bebieron y comieron y ya a eso de las 2 de la mañana decidieron volver a su departamento, en el trayecto se encontraron con un par de amigos que vivían en el mismo edificio que ellos, así que siguieron el regreso a casa juntos. Mientras que caminaban iban conversando, el hermano mayor, que además dominaba el idioma japonés, iba un poco más adelantado que los otros. Al entrar por una calle vieron venir hacia ellos en dirección contraria a una abuela, la cual al cruzarse con el hermano mayor le hizo una benia y lo saludo, este sin embargo no respondió el saludo y en su lugar apretó el paso alejandose rápidamente, los amigos y el hermano menor que venían detrás se sorprendieron de su actitud y apresurándose lo alcanzaron.


Este seguía avanzando y al parecer bastante apurado, el hermano menor le preguntó entonces qué es lo que le pasaba, por qué el apuro, a lo que le respondió: "¿No te has dado cuenta? esa viejita no tenía pies, es un fantasma!!!!. Ninguno de ellos atinó a voltear a confirmar este detalle y aceleraron el paso aún más.


Existen personas que piensan que si puedes ver fantasmas, escucharlos y por lo tanto hablarles, hay una gran posibilidad de que éste no quiera alejarse mucho de uno, ¿se imaginan?, es como para sentirse en medio de la pelicula "Sexto sentido".


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